miércoles, 23 de septiembre de 2009

Esquilo visto por Kadaré

Esquilo (busto de bronce que se alberga en el Museo arqueológico de Florencia)

El caprichoso azar me llevó este verano a caer en una de esas redes que hábilmente tiende la moderna mercadotecnia para vaciar nuestros bolsillos. En esta ocasión, lo 12'90 euros que tan fácilmente han capturado ciertos grandes almacenes mediante la estrategia de colocar todas las obras traducidas al español del recientemente galardonado Ismail Kadaré en el pasillo por el que apresuradamente me dirigía, a horas un tanto intempestivas, a buscar algún pescado con que llenar mi plato los doy por muy bien invertidos.

Era imposible que el título ESQUILO en letra amarilla sobre fondo marrón no atrajera la atención de alguien que se dedica a enseñar griego clásico e intentar divulgar las obras de los autores que crearon en esa lengua. La lectura de la solapilla, donde se informa de que el punto de partida del ensayo es la búsqueda de las posibles razones de la pérdida de la mayor parte de las numerosas tragedias de Esquilo y donde aparece completo el sugerente título "Esquilo.El gran perdedor" hizo el resto.

El primer capítulo, donde el autor recrea el contexto en que "el dramaturgo calvo" creó una obra que ha pervivido durante tantos siglos a pesar de las cuantiosas mutilaciones y pérdidas, ya engancha.

La cosa se pone interesante cuando, negando la teoría más popular para el nacimiento de la tragedia griega , aquella que lo situa en los cultos dionisíacos, el autor aboga por otra según la cual el verdadero origen del género estaría en las ceremonias nupciales y funerarias. Para apoyar su idea introduce interesantes explicaciones sobre los elementos de estas ceremonias en la antigüedad que todavía hoy en día se conservan en los Balcanes y, más concretamente, en su país, Albania .

aplique decorativo de mueble procedente de Laconia, s.VI a.C (foto realizada por mharrsch en la Villa Getty de Malibu)

Sus comentarios sobre la mentalidad del clan nos facilitan el acercamiento a la de los griegos para los que se compusieron las tragedias clásicas. Según Kadaré, la maestría con la que se ilustra la concepción antigua de la justicia en la Orestíada y la preocupación por el derecho mostrada por Esquilo en todas sus obras se debería a que además de poeta Esquilo fue un juez de sangre.

Otra de las razones por las que he gozado con esta lectura es el asombro que me han producido los artículos del Kanun, antiguo código consuetudinario albanés, que Kadaré cita y utiliza para revelarnos el verdadero sentido de algunos pasajes de los poemas homéricos y la tragedia griega.

A su luz interpretaremos de forma un tanto diferente la actitud de Clitemnestra y el papel de Orestes en la famosa trilogía de Esquilo o el incesto y parricidio de Edipo.

Además, en este pequeño ensayo se ilustra perfectamente el valor que los clásicos han tenido y siguen teniendo para las generaciones posteriores: son una excelente base desde la que reflexionar sobre nuestro presente y una herramienta para enfrentarnos a los nuevos (o no tanto) retos de la humanidad. En concreto, a su autor le han servido para valorar su papel como escritor e intelectual y para reflexionar sobre los abusos del poder.

Si no me pillara tan mayor creo que saldría corriendo a buscar un profesor de albanés para poder dedicarme a la interesante línea de estudio e investigación que Kadaré apunta en la obra: el estudio comparativo de la épica albanesa como medio para avanzar en el conocimiento y comprensión de la mitología y la cultura de la Antigua Grecia.


Ismail Kadaré (foto Wikimedia Commons)