domingo, 4 de agosto de 2013

VIA AD OIASSONEM


mujer reparando redes durante la muestra artesana de recreación histórica





El mes pasado, huyendo de los calores estivales de Cesaraugusta hice un viaje relámpago de fin de semana a la costa vasca y , como suele pasar a menudo en estos viajes sin planificar, me encontré en el camino con más de una grata sorpresa. Una de ellas fue coincidir mi paso por la ciudad de Irún con la celebración de la cuarta edición del festival DIES OIASSONIS organizado por el museo arqueológico de la ciudad, cuya visita, por cierto, os recomiendo vivamente.

Fue allí donde me encontré con la nueva etimología propuesta para el topónimo "Bidasoa", nombre que se da tanto al río que desemboca en el bello estuario  al que se asoma Irún como a su comarca.  Es la que he utilizado para el título de la entrada de hoy.

Mucho antes de saber que dedicaría mi vida a dar clase de latín y griego, ya tuve noticias de uno de los muchos mitos con los que la educación de cada país contribuye a construir la identidad nacional de sus ciudadanos, y que ocasiones son fuente de desagradables conflictos. Según me decían mis profesores, la lengua vasca apenas tienes términos de origen latino porque los romanos no llegaron a asentarse en el territorio que ahora ocupa el País Vasco y los pocos que hay fueron introducidos en la época en que se cristianizó la zona. Nunca me convencieron mucho esas historias de pureza y  feroz independencia que presentaban a  los antiguos vascones como un pueblo  impermeable a la influencia romana . Por eso me ha alegrado especialmente encontrarme con este museo dedicado a difundir la historia de la antigua Oiasso y con esa etimología  según la cual  Bidasoa vendría de la expresión "via ad Oiassonem"(el camino a Oiasso).
Molino de mineral procedente de las minas de Arditurri, Oyárzun, s. II d.C.
MUSEO DE OIASSO (foto propia)



Este lugar era ya en época de los romanos un próspero enclave que se beneficiaba  de su situación fronteriza y estratégica en las rutas que unían Hispania con la Galia y Britannia a través de su puerto, las calzadas a Tarraco y Burdingala y el río . Su proximidad a las minas de Ardituri, a las que venían a trabajar emigrantes del otro lado del Mare Externum, era otra razón que aseguraba su prosperidad. Me imagino que debió de ser una ciudad bastante cosmopolita y, según atestiguan los huesos de melocotón que se exponen en las vitrinas del museo, con una gastronomía capaz de contentar a los más exigentes comensales del imperio.

Gracias al festival  pude completar la visita al museo con la de la interesante y  rica muestra artesana de recreación que se había instalado a sus puertas y la participación en un interesante taller sobre las cartas de Vindolanda. Como podréis imaginar, me lo pasé bomba. Lo único que me pena es no haber tenido tiempo de probar todos los pinchos romanos ofrecidos por los bares de Irún para celebrar la ocasión.

Desde aqué felicito  a la gente de Oiasso que trabaja tan bien y con tanto entusiasmo en la divulgación de su patrimonio clásico y que me hizo disfrutar de lo lindo.
                        
                            FELICITER AUGUSTUM MENSEM AGATIS