jueves, 13 de febrero de 2014

Muerte de un MAESTRO que le tuvo manía al latín

Mi primer libro de latín

       No es un despiste, no. He escrito en mayúsculas la palabra del título porque Santiago Segura Munguía, el profesor de latín que acaba de fallecer, era eso, "un maestro con mayúsculas". No lo conocí en persona, (¡ya me habría gustado!), pero tiene mucho más que ver con mi afición al latín que cualquiera que los profesores a cuyas clases asistí personalmente. De hecho, he disfrutado de su magisterio durante toda la vida, desde que cayó en mis manos aquel primer ejemplar del libro de texto de LATÍN de 2º de BUP con el que me inicié en la lengua de Roma. Hasta hoy sigo recurriendo a sus manuales cada vez que tengo una duda o necesito ejemplos cuando preparo mis clases.

        Los estudiantes y profesores de latín nunca le agradecermos bastante esa manera suya de presentar etimológicamente el vocabulario latino en los léxicos que  incluyó en sus libros de texto de la editorial Anaya.

        Me ha parecido muy significativo que en el obituario que le hacen en la edición vasca de El País toda la información que se aporta sobre su persona sea un listado de su obra. Sin duda debe de ser lo que le hará pervivir en el recuerdo de los hombres. Pero como una es curiosa, ha querido aprovechar la ocasión para conocer algo de la persona y tras leer el artículo que se enlaza justo debajo del obituario, indagar un poco más en la red.

     Así he descubierto que como persona merecía también nuestra admiración.  Pertenecía a la larga lista de chicos de pueblo y familia humilde que, gracias a los clásicos  y a la mal pagada labor de un concienzudo  maestro de escuela, ampliaron sus horizontes vitales y se hicieron personas de provecho. Su magisterio empezó nada menos que a los once años, cuando su maestro le ofreció la posibilidad de dar lecciones a los vecinos iletrados de su pueblo. ¡Imáginense al chiquillo enseñando a hombres hechos y derechos los secretos del alfabeto!.

Santiago con su  maestro ( fuente blog Segura -Latín dedicado a su memoria)

Parece que nadie le podía dar lecciones de emprendimiento, pues, como cuenta él mismo en el susodicho artículo, para ayudar a pagar sus estudios de bachillerato en San Sebastián decidió poner en alquiler con sus primos las habitaciones del primer piso de estudiantes que hubo en la ciudad.  

De la información que he encontrado he deducido que le honraban las siguientes cualidades:

Curiosidad de la buena: Imprescindible para dedicar toda una vida al estudio y el conocimiento con tan buenos frutos como los suyos y para no arredrarse al tener que abandonar el nido a los doce años.

Tesón: Imáginense lo que debió de ser acabar la carrera en los primeros tiempos de la posguerra española por muy avispado que fuera nuestro hombre. Sin él tampoco le habría sido posible completar  y mejorar su "Diccionario etimológico Latino-Español" que empezó estando soltero y cuya última versión publicó cuarenta años más tarde.

Generosidad: No sólo se buscó las castañas para bregar con los palos en las ruedas que ya en sus tiempos, los del ensalzado PREU,  ponían los ínclitos coordinadores de la Universidad a los profesores de instituto (su explicación de las razones para iniciar la publicación de una antología de los textos comentados que eran objeto de examen para dicho nivel  no tiene desperdicio), sino que compartió su trabajo con todos los colegas de España, y eso sin internet ni twitter. ¡Toma ya!

Bonhomía: Aunque no hubiera leído los comentarios de sus alumnos y conocidos, no hay más que mirarle a la cara en las fotos para darse cuenta de que este hombre no era un ratón de biblioteca de los que no  saben desenvolverse fuera de su agujero.

Sentido del humor: Cuando le decían que sus libros de texto eran un rollazo, se reía. También le gustaba decir que él no había trabajado en la vida, porque el trabajo es sufrimiento y él disfrutaba con lo suyo, y que, después de publicar el trabajo que hacía el número cincuenta, perdió la cuenta.

   Lo más sorprendente es que, según confesaba don Santiago al periódico  El Correo en una entrevista, durante el Bachiller le cogió un asco tremendo al latín. En sus propias palabras:  "Todo era qui quae quod y sujeto y predicado. Estaba hasta la tapa de los sesos después de cuatro años enteros oyendo hablar de sujeto y predicado, me aburría soberanamente". Más adelante, cuando la periodista se siente identificada con la queja y apunta a la pésima metodología memorística, don Santiago asiente : "Claro, por eso lo odia casi todo el mundo ".  Ahora entiendo por qué sus libros de texto se convirtieron en superventas y han merecido nuestra gratitud eterna. . . y por qué, cuando un periodista pretende hacer la broma fácil a costa de las traducciones disparatadas de los estudiantes que el profesor habría encontrado en su carrera, éste le explica humildemente que siempre hay que tener en cuenta la dificultad de la labor de elegir el significado más adecuado.

     Lo mejor es escucharle a él mismo en este  vídeo hacer un repaso de su biografía para uno de los institutos donde trabajó:



                                                          GRATIAS TIBI MAGISTER
SIT TIBI TERRA LEVIS

2 comentarios:

C.Ignacio Sánchez dijo...

Muchas gracias por este artículo,me ha gustado y emocionado mucho. Yo estudié Latín en 2º de BUP con este texto el año 1977, y nunca lo olvidé. Lo que no recordé hasta ahora era a su gran autor. Que gran colección de textos de Anaya de la época: lengua española de Lázaro Carreter, Historia de España de Julio Valdeón...
Seguí BUP de Ciencias, ahí acabó mi Latín, y terminé siendo doctor en Física, pero el gusto por las lenguas modernas y la historia es lo que más me llena ahora.
Un cordial saludo.
Ignacio Sánchez.
Sevilla.

ecano dijo...

Gracias a ti por leerlo. ME encanta que seas de "Ciencias" ¡Ja, JA!Yo también estoy muy agradecida a esos libros de texto de los que hablas.