viernes, 15 de agosto de 2014

La ciencia de la ignorancia

Extracción de la piedra de la locura, El Bosco, Museo del Prado, Madrid. (imagen de Wikimedia Commons)
  
       Recientemente me he encontrado con este curioso neologismo de raíz griega en inglés: AGNOTOLOGY (del griego ἀγνοέω: desconocer, ignorar). Se trata  del estudio de la producción cultural de ignorancia. Por lo visto,  ya tiene unos cuantos expertos con cátedra, al menos en los E.E.U.U., entre ellos el acuñador del término: Robert N. Proctor.  Como no podía ser menos,  la Wikipedia ya tiene su entrada  en español.

Parece de broma, pero el asunto es muy serio e ilustra perfectamente la época que nos ha tocado vivir. La agnotología se ocupa de estudiar el fenómeno cada vez más extendido por el cual ciertas empresas y organizaciones invierten sus buenos recursos y tiempo en fomentar la desinformación y la ignorancia entre el público para beneficio de sus negocios .

       Encontré el término en este artículo de Los Angeles Times, al que llegué desde la página de un twittero. (Aprovecho para confesar que, aunque no tengo cuenta en la red de gorjeadores, de vez en cuando me paso por allí y hasta sigo a alguno de sus "líderes de opinión digital".)

        En el artículo se comentan asuntos tan importantes como  la creciente desacreditación de la ciencia y  el impacto negativo que la insistencia en la explotación comercial de gran parte de las investigaciones universitarias está teniendo en la percepción pública del trabajo de los académicos. También se habla de cómo los sembradores de dudas están consiguiendo que los argumentos y opiniones de los expertos independientes  tengan que competir en pie de igualdad con los aportados por los defensores de los intereses de la industria tabacalera o farmacéutica y de  la ventaja que este panorama otorga a los activistas contra las campañas de vacunación, que se apoyan en teorías conspiratorias y en estudios de dudoso crédito.

         Paradógicamente, la duda, uno de los puntales del pensamiento científico, puede ser también muy útil para desacreditarlo. Lo ilustra clarísimamente esta frase extraida de una circular de los expertos legales que asesoraban en los años sesenta a la industria tabacalera americana: "La duda es nuestro producto". Su trabajo, explicaba el autor del documento, no era desprestigiar las evidencias, sino sembrar la controversia. Paradógicamente también, según apunta Proctor, en nuestra "sociedad del conocimiento' es muy fácil  propagar la ignorancia.

         Siempre he tenido muy claro que una de las mayores lacras de la humanidad y la causa de gran parte de sus males es la ignorancia. Por eso me pone los pelos de punta ver cómo algunos la promocionan con tanto descaro. Espero que esta entrada ayude a que nos acostumbremos a ser más críticos con la información que nos bombardea cotidianamente y aprendamos a defendernos de tanta manipulación.