sábado, 20 de diciembre de 2014

Básicos de la democracia: Ley y orden


Busto de Esquines (imagen de Wikimedia Commons)
Εὖ δ’ ἴστε, ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι, ὅτι τὰ μὲν τῶν δημοκρατουμένων  σώματα καὶ τὴν πολιτείαν οἱ νόμοι σῴζουσι, τὰ δὲ τῶν τυράννων καὶ ὀλιγαρχικῶν ἀπιστία καὶ ἡ μετὰ τῶν ὅπλων φρουρά. φυλακτέον δὴ τοῖς μὲν ὀλιγαρχικοῖς καὶ τοῖς τὴν ἄνισον πολιτείαν πολιτευομένοις τοὺς ἐν χειρῶν νόμῳ τὰς πολιτείας καταλύοντας, ὑμῖν δὲ τοῖς τὴν ἴσην καὶ ἔννομον πολιτείαν ἔχουσι τοὺς παρὰ τοὺς νόμους ἢ λέγοντας ἢ βεβιωκότας· ἐντεῦθεν γὰρ ἰσχύσετε, ὅταν εὐνομῆσθε καὶ μὴ καταλύησθε ὑπὸ τῶν παρανομούντων. 

     Οὐκ ἀγνοῶ δέ, ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι, ἃ μέλλω ἐν πρώτοις λέγειν, ὅτι φανεῖσθε καὶ ἑτέρων πρότερον ἀκηκοότες· ἀλλά μοι δοκεῖ καιρὸς εἶναι καὶ ἐμὲ νῦν πρὸς ὑμᾶς τῷ αὐτῷ λόγῳ χρήσασθαι. ὁμολογοῦνται γὰρ τρεῖς εἶναι πολιτεῖαι παρὰ πᾶσιν ἀνθρώποις, τυραννὶς καὶ ὀλιγαρχία καὶ δημοκρατία· διοικοῦνται δ’ αἱ μὲν τυραννίδες καὶ ὀλιγαρχίαι τοῖς τρόποις τῶν ἐφεστηκότων, αἱ δὲ πόλεις αἱ δημοκρατούμεναι τοῖς νόμοις τοῖς κειμένοις. 

    Προσήκειν δὲ ἔγωγε νομίζω, ὅταν μὲν νομοθετῶμεν, τοῦθ’ ἡμᾶς σκοπεῖν, ὅπως καλῶς ἔχοντας καὶ συμφέροντας νόμους τῇ πολιτείᾳ θησόμεθα, ἐπειδὰν δὲ νομοθετήσωμεν, τοῖς νόμοις τοῖς κειμένοις πείθεσθαι, τοὺς δὲ μὴ πειθομένους κολάζειν, εἰ δεῖ τὰ τῆς πόλεως καλῶς ἔχειν.
 

      Σκέψασθε γάρ, ὦ Ἀθηναῖοι, ὅσην πρόνοιαν περὶ σωφροσύνης ἐποιήσατο ὁ Σόλων ἐκεῖνος, ὁ παλαιὸς νομοθέτης, καὶ ὁ Δράκων καὶ οἱ κατὰ τοὺς χρόνους ἐκείνους νομοθέται. Πρῶτον μὲν γὰρ περὶ τῆς σωφροσύνης τῶν παίδων τῶν ἡμετέρων ἐνομοθέτησαν, καὶ διαρρήδην ἀπέδειξαν, ἃ χρὴ τὸν παῖδα τὸν ἐλεύθερον ἐπιτηδεύειν, καὶ ὡς δεῖ αὐτὸν τραφῆναι, ἔπειτα δεύτερον περὶ τῶν μειρακίων, τρίτον δ’ ἐφεξῆς περὶ τῶν ἄλλων ἡλικιῶν, οὐ μόνον περὶ τῶν ἰδιωτῶν, ἀλλὰ καὶ περὶ τῶν ῥητόρων. Καὶ τούτους τοὺς νόμους ἀναγράψαντες ὑμῖν παρακατέθεντο, καὶ ὑμᾶς αὐτῶν ἐπέστησαν φύλακας.
  
                                                            Αἰσχίνης, Κατὰ Τιμάρχου


Tribuna de la Pnyx, William C.Morey  1903



    No desconozco, varones atenienses, que lo que voy a decir en primer lugar os parecerá haberlo oído antes de otros, pero me parece que la ocasión es buena para que yo utilice ante vosotros el mismo argumento. Pues se admite generalmente que hay tres formas de gobierno entre los hombres:  tiranía, oligarquía y democracia. Las tiranías y oligarquías se administran según el talante de los que las presiden, mientras que los estados gobernados democráticamente lo hacen según las leyes establecidas.

    Sabéis bien, varones atenienses, que en las democracias la persona de los ciudadanos y el estado los conservan las leyes, mientras que la salud de los tiranos y los oligarcas la protegen la desconfianza y los cuerpos armados. Los oligarcas y los que gobiernan mediante leyes basadas en la desigualdad deben guardarse de los que destruyen los estados por la ley de la fuerza, pero vosotros, que tenéis una constitución igualitaria y basada en la ley, habéis de hacerlo de los que se saltan la ley con sus palabras o su modo de vida. Pues entonces seréis fuertes, cuando os deis buenas leyes y no seáis corrompidos por los que se saltan la ley.

   Yo al menos creo que conviene que, cuando legislemos,  procuremos instituir leyes que sean buenas y convenientes para el estado y, una vez hayamos legislado,  obedezcamos a las leyes que nos hemos dado y castiguemos a quienes no las obedecen, si queremos que el estado vaya bien.


     Considerad pues, atenienses, cuánta previsión hubo con respecto a la decencia en  Solón, aquel viejo legislador,  y en Dracón y los otros legisladores de aquellos tiempos. En primer lugar legislaron acerca de la decencia de nuestros niños, y prescribieron expresamente cómo  es preciso que se comporte un joven de condición libre y cómo debe ser criado; luego, en segundo lugar legislaron acerca de los niños, y a continuación, en tercer lugar, acerca de los de las otras edades, no sólo respecto a los particulares, sino también a los hombres  públicos. Y habiendo escrito estas leyes, os las confiaron y os hicieron a vosotros sus guardianes.

                        Esquines, Contra Timarco I,4-7