jueves, 18 de junio de 2015

De la convivencia


      Hominibus apprime utile est consuetudines jungere seseque iis vinculis astringere quibus aptius de se omnibus unum efficiant et absolute ea agere quae firmandis amicitiis inserviunt.
      Sed ad haec ars et vigilantia requiritur. Sunt enim homines varii (nam rari sunt qui ex rationis praescripto vivunt) et tamen plerumque invidi et magis ad vindictam quam ad misericordiam proclives. Unumquemque igitur ex ipsius ingenio ferre et sese continere ne eorum affectus imitetur, singularis animi potentiae opus est. At qui contra homines carpere et vitia potius exprobrare quam virtutes docere et hominum animos non firmare sed frangere norunt, ii et sibi et reliquis molesti sunt; unde multi prae nimia scilicet animi impatientia falsoque religionis studio inter bruta potius quam inter homines vivere maluerunt ut pueri vel adolescentes qui parentum jurgia aequo animo ferre nequeunt, militatum confugiunt et incommoda belli et imperium tyrannidis prae domesticis commodis et paternis admonitionibus eligunt et quidvis oneris sibi imponi patiuntur dummodo parentes ulciscantur.

Baruch Spinoza,  Ethica  IV (De Servitude Humana, seu de Affectuum Viribus)




       Es útil a los hombres, ante todo, asociarse entre ellos, y vincularse con los lazos que mejor contribuyen a que estén unidos, y, en general, hacer aquello que sirva para consolidar la amistad.
       Pero para ello se requiere habilidad y atención. Los hombres, en efecto, son volubles (pues son raros los que viven según los preceptos de la razón), y, sin embargo, en su mayoría son envidiosos, y más inclinados a la venganza que a la misericordia. Es necesaria una singular potencia de ánimo, por tanto, para admitirlos a todos ellos según su propia índole, y no dejarse llevar por la imitación de sus afectos. Los que, por el contrario, son expertos en criticar a los hombres, reprobando sus vicios más bien que enseñándoles las virtudes, y quebrantando los ánimos en lugar de fortificarlos, se causan gran molestia a sí mismos y la causan a los demás. De ahí procede el que muchos, de ánimo excesivamente impaciente, y movidos por una falsa preocupación religiosa, hayan preferido vivir entre los animales más bien que entre los hombres; del mismo modo, los niños o adolescentes que no pueden sobrellevar con serenidad las riñas de sus padres, se refugian en la milicia, y escogen las incomodidades de la guerra y un mando tiránico antes que las comodidades domésticas y las admoniciones paternas, y sufren que se les imponga cualquier carga con tal de vengarse de sus padres.

Baruch Spinoza, Ethica, IV , De la servidumbre humana o de las potencias de los afectos,  (traducción de Vidal Peña)